Comenzamos con al primera lectura de hoy el segundo relato de la creación del hombre. El de ayer, más escueto, también tiene su miga. Mañana haremos una «fusión comentarística» de los dos relatos.
Dentro de unas semanas se nos recordará que somos polvo y al polvo volveremos. Así lo atestigua el Génesis, que pone taller y mandil de alfarero al Padre, que con sus dos manos ?el Hijo y el Espíritu Santo? culmina la creación modelando al hombre a su imagen y semejanza. Luego vienen las terminaciones, que pueden ser al estilo Talavera o, más fina pero más repollo, la de Sèvres.
La vida se compone de un pasado, un presente y un futuro. Esta capacidad de componer la existencia como una historia es exclusiva del hombre. Los niños tienen como referencia a sus padres, sus hermanos, sus abuelos… La familia es el lugar por antonomasia donde se puede construir esa historia de modo más sólido. Allí descubrimos el concepto de «origen» en la figura de papá y mamá, y que todos los niños tienen papá y mamá, que son el origen de cada niño. Luego vienen los tíos, los abuelos, y rematamos con la familia política, que a mi me costó tanto comprender. Aún hoy tengo que pensar si es «yerna» o «nuero»…
La pregunta por el origen pone las bases para cimentar el presente y construir el futuro. Es clave. Absolutamente. Tanto, que la fecundación in vitro ha generado un problema social gravísimo: están surgiendo asociaciones para implementar el derecho que tienen los hijos concebidos in vitro a conocer a sus padres biológicos, cuando los que les cuidan no lo son, o al menos uno de ellos. Por ley, está prohibido saberlo y las empresas del sector no revelan dicha información. Pero todos nos preguntamos por los orígenes: es ley natural, no hay modo de evitarlo. Y el derecho que un ser humano tiene de ser hijo de un padre y una madre (no de cualquier padre o madre, sino de uno determinado) es muy importante: es su origen. Yo me he alegrado un montón con esta iniciativa, que ha estallado como una bomba. Es de sentido común.
El libro del Génesis va más allá de nuestros padres: nos habla de un origen eterno, que son las manos de Dios creador. De este modo, la filiación humana de nuestros padre se cimienta a su vez en una filiación divina. Y así aparece la base más firme y sólida que da sentido a nuestra vida.
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